Gymkana por el Cañón de San Martín

La Fajeta L'Ordio

La Fajeta del Ordio.
Robert disfruta de las vistas.

El Cañón de San Martín es una parte del Alcanadre en el tramo río abajo de San Saturnino que llaman “Peonera superior”. Se trata de un gran cañón clavado en la caliza que ofrece como sus hermanos mayores – el Cañón del Vero o del Balcez – maravillosas pozas incluidas en un entorno de paredes verticales, cuevas y proas. El corazón de este paraje es la pequeña ermita que da nombre a toda la zona. Llegan tres sendas de acceso al río, dos desde el este – los accesos populares – y uno – más largo y menos transitado – desde el oeste.

La Ermita de San Martín

La Ermita de San Martín.
En esta perspectiva se divisa en el extremo derecho debajo de la inmensa pared, denominada “La Piedra de San Martín”.

Descripciones de esta magnifica excursión circular se encuentran en casi todas las guías y mapas de la Sierra de Guara, pero él que mejor la describe es Enrique Salamero en su libro “22 itinerarios a pie”. Adjunta un buen esquema para identificar más fácil las sendas por las fajas y detalla las etapas y complicaciones. La presenta como una excursión de medio día, pero si exploramos intensamente el curso del río con sus maravillosos rincones, se puede extender a una de una jornada completa, ya que las pozas de aguas cristalinas invitan a sestear en sus orillas. Ademas hay que tener en cuenta que el retorno es una fatigosa subida por la cara oeste donde pega el sol por la tarde. Así que merece la pena disfrutar cerca del agua hasta que disminuya el calor del día.

Ficha San MartínAunque hay sirgas y clavijas en los accesos descritos en el libro, ninguno resulta complicado para el perro.

  • La senda por la Fajeta del Ordio discurre por una cornisa de 2m de anchura como mínimo, que impresiona sin ser demasiado expuesta o peligrosa.
  • La Senda de los Gradones es más pendiente y confusa, donde tendremos que superar algún paso de trepada.
  • La senda por la Fajana Martín Juan es muy pendiente, especialmente en las cercanías del río. Como arranca en una zona muy apartada de las infraestructuras en el este del cañón, no es un acceso usual.

En los tres casos hay carteles, balizas o hitos que nos guiaran.

Así que voy a concentrarme en describir algunos de los rincones singulares – los tesoros de la Gymkana – que se pueden visitar durante el día, empezando río arriba.

Aunque no hay ningún paso a nado, debemos estar preparados para mojarnos completamente, debido a que algunas de las atracciones requieren un baño obligatorio para una exploración perfecta.

El Río Alcanadre

El Río Alcanadre.
Que alegría llegar finalmente a las pozas.

El Caos de la Fuente Conciatas

Poza interior del Caos de la Fuente Conciatas

La  fabulosa poza interior del Caos de la Fuente Conciatas.

Este caos, situado en el final de un estrecho oprima el lecho del río de tal manera que no vamos a ser capaces de pasar por él. Así que se trata de nuestro limite de la excursión hacia el norte, río arriba.

El Caos de la Fuente Conciatas

El Caos de la Fuente Conciatas.
Los tres bloques empotrados, vistos desde el estrecho río arriba (donde no llegaremos).

Para encontrar la poza interior es mejor dejarse guiar por el ruido de la cascada que alimenta la poza y destrepar por las rocas hacia el agua. La poza es una gozada y un baño en estas aguas frescas será un momento inolvidable.

En los dos lados del caos se inician dos cornisas que discurren por las paredes hacia el sur. La de la orilla derecha, la más extensa, tiene un acceso difícil de escalada por los mismos bloques del caos, pero la de la izquierda es fácil de recorrer y ofrece unos bonitos covachos en la zona más elevada. Ademas es el único punto de nuestra excursión desde donde podemos ver los tres bloques empotrados, tan ilustres y conocidos, que se encuentran escondidos en otro extremo del caos.

La Fuente Conciatas

La poza de la Fuente Conciatas

La poza de la Fuente Conciatas.

A poca distancia río abajo del caos se encuentra dicho manantial. Se trata de una maravillosa poza en cuya orilla, rocosa y vertical, mana el agua por varios agujeros. En días calurosos vale la pena acercarse (a nado) y beberla directamente desde donde brota.

Cerca de la poza, río abajo arranca la senda de la Fajeta de Ordio. Esta sube los primeros metros al lado de una crestería agreste donde se encuentra una pequeña cueva. La cavidad no tiene dimensiones  suficientes para introducirse, pero siempre emite una corriente fresca que sea bienvenido en días de calor. Además, según Enrique Salamero esta curiosidad tiene nombre: Aujero l’Aire, lo que indica que para la gente del lugar (o un excursionista) tiene cierto interés.

La Fajana Martín Juan

La Piedra de San Martín

La Piedra de San Martín.
No es necesario mencionar que nos tenemos que acercarnos con mucho cuidado y controlar al perro. Hay un patio de más de 350m.

Siguiendo el curso del río pasamos por varias pozas. Escondido en un bosquecillo en la orilla derecha arranca la senda por la Fajanta Martín Juan, balizado con un cartel “Costera de Naya 2h”. La subida es fatigosa, pero nos situará en el mejor mirador sobre el cañón justo en el borde del precipicio de la Piedra de San Martín. No obstante, hay buenas vistas durante todo el ascenso.

Más adelante se divisa ya el puente sobre la Badina Quejigo, el punto central de nuestra excursión.

La Cueva, Ermita y Piedra de San Martín del Alcanadre

La Ermita de San Martín del Alcanadre

La Ermita de San Martín del Alcanadre.
La foto la tomé desde la Senda de los Gradones.

En dicho puente podemos subir hacia el este por la Senda de los Gradones para salir del cañón o visitar la ermita subiendo hacia el oeste.

Esta está ubicada a pie de una inmensa pared abovedada denominada “Piedra de San Martín” y – de verdad – el lugar es sobrecogedor. Nos podemos acercar al centro del margen inferior de la pared, sentarnos e inspirar toda la energía que refleja y focaliza este “espejo parabólico del universo”. Además, si tenemos suerte, podemos observar una pareja de alimoches que anida en la parte superior.

Encima de la ermita hay una cueva que se puede alcanzar trepando con la ayuda de alguna piedra y madera detrás del edificio.

La Cueva de San Martín

La Cueva de San Martín.
Al pie de la pared que tenemos enfrente se encuentra un covacho con un recinto pastoral que se puede visitar desde la Senda de los Gradones.

La Badina del Quejigo podemos pasar a nado, o más bien, salvarla por una senda por el margen derecho. Río abajo nos esperan más pozas hasta que el cauce se estrecha.

El Estrecho de Lacarra

El inicio del Estrecho de Lacarra

El inicio del Estrecho de Lacarra

Ya avisa el nombre: los paredes verticales nos cierren el paso. Así que esta gorga es el tope austral de nuestra excursión. Podemos aprovechar las aguas profundas para refrescarnos con un baño, pero el siguiente tramo del Alcanadre es una secuencia de pozas profundas encadenadas, oprimidas por paredes verticales y no es del todo apto para el perro*.

Resta volver al coche por uno de los caminos mencionados.

La Badina del Quejigo

La Badina del Quejigo.
Se ve de donde procede el nombre. Aunque el árbol está muerto, se mantiene de pie.

*Nota personal

Podemos convertir la gymkana a una autentica aventura – una excursión seria de una jornada completa, si estamos dispuesto a traspasar el Estrecho de Lacarra.

Este tramo es muy acuático, con badinas largas y profundas. Ademas hay que resolver un caos y destrepar varios resaltes. Por estas razones, no lo he elegido para esta entrada principalmente, sino que lo anoto como “anécdota personal”.

El Caos de Lacarra

El Caos de Lacarra.
Detalle del caos que tenemos que resolver.

Pues, para los nadadores buenos y conocedores de la zona (hombres y perros) en días soleados de caudal reducido:

– Bajar por la Senda de los Gradones

– Visitar la ermita

– Traspasar los Estrechos de Lacarra (1-2h)

– Salir del barranco en la Badina Cebollero (15min)

– Subir a la Costera de Naya (1h15)

– Bajar por la Fajana de Martín Juan (45min)

– Visitar el caos de la Fuente Conciatas

– Subir por la Fajeta del Ordio

En el Estrecho de Lacarra no hay que instalar rapeles, pero tendremos que destrepar en varios ocasiones y pasar a nado por pasos muy estrechos entre paredes de roca.

Después del caos llegamos a la Badina Cebollero donde se encuentra la salida del barranco, descrito en la entrada “Vuelta por los Estrechos de Tamara y el Huevo de Morrano”.

La Fajana de Martín Juan

La Fajana de Martín Juan.
Las vistas al Cañón de San Martín. Se reflejan los paredes opuestas en el agua.

La Ermita de San Martín

La Ermita de San Martín

En la pista nos dirigimos hacia la derecha. Después de otra bifurcación, donde seguimos otra vez por el ramal derecho, ascendemos hasta que un cartel nos indica la bajada a San Martín. Este tramo es caluroso, fatigoso y poco atractivo, pero nos compensan las vistas excepcionales mencionadas antes.

Un recorrido muy entretenido y relativamente delicado para toda una jornada que no nos decepcionará.

El Cañón de San Martín

El Cañón de San Martín por la tarde desde la Fajeta del Ordio.
Al fondo se divisa el Huevo de Morrano.

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San Martín de la Val d’Onsera

Los Paredones que se caen al Barranco de San Martín

Los paredones que caen al Barranco de San Martín.
Vista desde el Collado de San Salvador.

Paseo muy entretenido y bonito. Normalmente se encuentra agua en la Puerta del Cierzo y en la misma ermita, incluso en verano.

Ficha San Martín de la Val d'Onsera

Puntos conflictivos:

El Paso de la Viñeta

Raúl en el Paso de la Viñeta.

El puente de troncos en el Paso de la Viñeta

El puente de troncos en el Paso de la Viñeta.

El Paso de la Viñeta:

No resultaba difícil para Robert, pero hay que tratarle con respeto. Todo el tramo es expuesto, excavado en las paredes de Conglomerado y asegurado con sirgas (que no dan una imagen de seguridad). Sobre todo hay un tipo de puente, hecho de troncos, que salva un barranquillo y que puede dar miedo al perro (Robert saltaba encima).

Por todos modos se puede evitar el paso eligiendo la Senda de los Burros que carece de tramos expuestos. Por esta vía hay que echar 30min más a la excursión.

La bajada desde el Collado de San Salvador al barranco está menos expuesto y tiene instalado unas sirgas nuevas (que dan mucha, mucha imagen de seguridad).

San Martín de la Val d'Onsera

San Martín de la Val d’Onsera.
El paraje que se me presentó cuando levanté la vista del bocadillo…

Gymkana por la Cabecera del Vero

El Desfiladero de Lecina

El Desfiladero de Lecina.
Robert, pensativo, en la presa del molino.

El Río Vero forma desde la Fuente Lecina hasta la entrada a los Oscuros un cañón que se puede recorrer en ambos direcciones sin dificultad. Las innumerables pozas rodeadas por campos y árboles aseguran que el perro y el amo se divierten durante toda la excursión.

Recorte del Mapa Alpina

Recorte del Mapa Alpina

A lo largo del canon encontraremos varios rincones extraordinarios que se esconden de los caminantes como tesoros. Visitando estos tesoros naturales durante un paseo entre el agua refrescante y las paredes agujerados que rodean el río, es el principal objetivo de este paseo.

Sólo nos hace falta coger agua, el mapa, el almuerzo y la correa, introducirnos en el canon y dejarnos llevar por una gymkana diseñada por la misma naturaleza.

Ficha Gincana por el VeroTiempo:

Considerándola como un paseo con un aspecto de gymkana, el tiempo es irrelevante. Pasaremos un medio día de paseo sin prisas. Sólo apunto los detalles para el modo circular:

Salida del canon hasta el cruce de las pistas: 45min

Del cruce hasta el coche: 40min.

_______________

Total: irrelevante, 4h, media jornada

Aparcamiento:

Hay una explanada grande a la izquierda con paneles informativos y merendero en la carretera A-2205 (Colungo – Arcusa) entre los km16 y 17. Como está cerca del río este aparcamiento es el más aconsejable.

Acceso:

Desde el parking bajamos directamente al río. Así llegamos a una pequeña presa que sirve también de puente. La Fuente Lecina – nuestra limitación hacia el norte – está a pocos metros río arriba y la entrada a los Oscuros del Vero, la Gorga Negra – nuestra limitación hacia el sur – está a una distancia de casi 2 km río abajo al sur.

Si avanzamos por el cauce del Vero, no hay pérdida. Podemos ir por el mismo lecho del río, mojando nos hasta la cintura, o, mas bien, por caminos que recorren el fondo del canon, mojándonos solo los pies. Cerca de la presa del acceso, que hemos cruzado en el principio, nace un PR que salva los primeros estrechos por encima de las paredes de la orilla derecha para después bajar otra vez al lecho, cruzar el río varias veces y terminar al fin en la Ermita San Martín.

Típico paisaje del Vero

Típico paisaje del Vero.
Pozas, playas de piedra, paredes, bosques y cuevas.

Los límites de nuestro paseo son rincones singulares, que no podríamos pasar sin darnos cuenta:

La Fuente Lecina:

Esta fuente da luz a las aguas del Río Vero, las cuales corren bajo tierra hasta entonces. Por eso, el lecho encima de la fuente está normalmente seco. El manantial se encuentra debajo de unos chopos cerca de la presa del acceso y forma un rincón idílico.

El Pozo Negro:

Así se llama la badina a la cual se considera como la entrada a los Oscuros del Río Vero. Esta poza estrecha y profunda siempre lleva agua fría y es el primer trámite, que nos impide el paso a pie. Si cruzaríamos la poza nadando, llegaríamos a más pozas y saltos de agua, donde el avance resulta cada vez más difícil.

Empezamos a buscar los tesoros más fáciles, como se encuentran a sólo 10min o menos del río:

El Molino de Lecina:

El Molino de Lecina

El Molino de Lecina.

Cerca del puente pasamos por la presa vieja del molino, que forma una poza grande y bonita. El edificio del molino está en ruinas, pero todavía es pintoresco. Se puede todavía adivinar la toma de agua y el pozo. Encima del molino vemos la casa del molinero pegada a la pared y cerca de ella se halla un covacho amurallado que sirvió de refugio. Considerando el número y tamaño de los edificios, se nota que se trataba de un molino importante en su tiempo. La toma de luz en la pared y los viejos alambres colgados son los testigos que el molino funcionaba también como una mini-central. Un cambio de beneficios de la misma instalación que se puede observar en varios de los molinos en Aragón.

El Baranco Argatín:

Entre el molino y la presa se encuentra la desembocadura del Barranco Argatín. En su último tramo surge agua por la pared, lo que nos puede servir para llenar la cantimplora con agua fresca.

La sala del Cruciacha:

El Barranco Basender, afluente seco al Vero por la derecha, forma con el último salto esta bonita sala.

El Barranco Portiacha:

El último salto del Portiacha

El último salto del Portiacha.

Justo enfrente de la sala del Basender desemboca el Barranco Portiacha al Vero. Un pequeño camino escondido sube al último salto del barranco, un circo rocoso y espectacular de 35m de altura. Normalmente no baja agua por el barranco, pero ya el circo seco, sin cascada, impresiona.

La Ermita San Miguel:

Bajo las paredes del Cañón de la Choca, afluente al Vero por la derecha, se encuentra esta pequeña ermita. Desde la ermita podemos llegar por una senda a una fuente.

Nos quedan dos tesoros más alejados y más difíciles de encontrar:

El Abrigo del Gallinero:

En la región del Canon del Vero todas las cuevas que albergan pinturas rupestres están tapadas con rejas. En algunas se tiene que acercar por una escalera de hierro para ver las pinturas lo que puede dar miedo a gente que sufren vértigo. Por todas maneras, los perros no pueden pasar por estas escaleras, pero como el amo no se aleja mucho, no habrá problemas, si el perro espera al pie de la escalera. En verano se organizan visitas guiadas. Más detalles acerca de estas visitas dar la información turística de Alquézar.

De la ermita río arriba, cruzando el río dos veces, el terreno forma terrazas en la orilla derecha, antiguos campos cultivados: El Huerto Raso. Por estas terrazas alcanzamos en el extremo de la izquierda un sistema de fajas, por las cuales llegamos a unos covachos con pinturas rupestres. La senda está poco marcada y bastante empinada, pero siguiendo a los hitos con atención, alcanzaremos las cuevas en menos de una media hora.

La Cueva de Lucien Briet:

La Cueva de Lucien Briet

La Cueva de Lucien Briet.
Robert está impresionado.

Entre la Ermita de San Martín y la Gorga Negra nace un camino en la orilla izquierda. Este sendero sube en zigzag por una pedrera pendiente y traspasa después en un bosquecillo, para salir más adelante por una canal del cañón.

Antes de entrar en el bosque nos fijamos en lo alto hacia nuestra izquierda. Se ve claramente una boca grande de una cueva y se adivina una senda desdibujada desviándose del camino principal.

Dicha senda hacia la boca es muy empinada y pasa por zarzas que pueden llegar a molestar. Encima hay muchos ramales (caminos de cabras) que no tienen salida. Aun así, vale la pena visitar esta cueva, especialmente por la tarde cuando el sol ya está bajo e ilumina la boca.

Si tomamos la senda, que sube a la cueva, nos faltan para llegar unos 100m de desnivel por una pedrera salpicada de zarzas. Nos acercamos mejor por los ramales de la izquierda, que nos llevan al fin a la pared que vemos a la derecha de la cueva. Hay pequeñas trepadas al final que no resulten difícil para el perro ni el amo.

La cueva misma no es muy profunda y no es peligrosa para los perros. (Quiere decir, que no hay agujeros, ni sistemas de túneles, por los cuales el perro se podría perder o caer.) Eligiendo bien la hora, la cueva se convierte en una catedral rocosa, iluminada por sus “ventanas”.

Retorno:

Podemos volver por donde hemos venido, pero para completar la gincana con unos caminos nuevos y una perspectiva distinta, aprovechamos el mismo camino que hemos encontrado para subir a la Cueva de Lucien Briet. De esta manera acabamos la excursión por un circular que nos permite encontrar dos tesoros más y contemplar casi todo el recorrido que hemos hecho durante el día desde un mirador.

Hay que tener en cuenta, que no encontraremos agua en cuando salimos del lecho, y la subida bajo el sol del mediodía resultará muy fatigosa. ¡Tenemos que elegir bien la hora para volver ya fuera de las horas de calor!

Subiendo por el camino descrito para la cueva de Lucien Briet, no nos desviamos hacia la cueva y seguimos por el camino principal. Así salimos sin perdida del cañón y llegamos a un cruce de pistas con indicadores.

El Abrigo de la Mallata:

El Abrigo de la Mallata

El Abrigo de la Mallata.
Buenas vistas sobre el Cañón del Vero.

Podemos aprovechar la cercanía de las cuevas con pinturas rupestres del Tozal de la Mallata y visitarlas. Nos costará unos 10min para encontrarlas. Aparte de las pinturas, hay buenas vistas desde este abrigo sobre el Vero y la Choca.

Seguimos desde el cruce hacia el Parking del barranco Portiacha. Antes del parking la pista baja a una vaguada. En este punto hay que controlar el perro por el peligro que presenta la cercanía de la carretera.

El Barranco Portiacha:

En el punto donde cruzamos la vaguada, podemos bajar por el barranquillo unos pocos metros y disfrutar con cuidado del primer salto de 30m que forma este barranco. Incluso podemos bajar por una cornisa a mano izquierda sin dificultades y ver el circo desde abajo. Como hemos visto antes el último resalte del mismo barranco, conocemos ahora las dos atracciones principales del Barranco Portiacha. Eso nos dar una imagen de la belleza que se revela a los practicantes del deporte del descenso de barrancos.

El Mirador del Vero:

Ya en el aparcamiento, en frente de la carretera, bajamos al mirador del Vero. Vale la pena visitarle y buscar los sitios, por los cuales hemos pasado durante el día. El Barranco Basender está justo enfrente de nosotros y más hacia el sur adivinamos la desembocadura del Cañón de la Choca donde se halla la Ermita de San Martín.

Robert en el Mirador del Vero

Robert en el Mirador del Vero.

Salimos del aparcamiento, cerca de la bajada al mirador, en dirección norte. Este camino, bien trazado, baja al Barranco Argatín. Le cruzamos y subimos hasta el parking, donde está el coche.

Morcat y el Cañón de Sieste

La Poza Chinchirigoy

Robert en la Poza Chinchirigoy.

Mapa Sieste

Recorte del Mapa Sigpac.

Como el Río Sieste entrega sus aguas al Río Ara y está escondido en el noreste de Guara, fue ignorado constantemente, si se habló del entorno de Guara. Eso es un error, porque se trata de un oasis maravilloso que encontramos entre las áridas tierras de esta sierra, justo debajo de El Pueyo de Morcat.

El Barranco Fondo y San Martín son las raíces del Río Sieste y los tres forman pozas, toboganes y cascadas espectaculares en el tramo que vamos a visitar. Morcat es un bonito pueblo abandonado, ubicado en una loma de la cabecera del barranco que revela unas impresionantes vistas sobre el Pirineo.

Ficha Sieste

Tiempo:

Del coche a Morcat: 1h.

De Morcat a San Velián: 30min.

De San Velián hasta el río: 30min.

Por el río hasta el Coñolmundo: irrelevante

Del Coñolmundo hasta su cabecera: 1h

De la cabecera hasta el coche: 1h 30

_______________

Total: irrelevante, 5h 30, jornada completa

Aparcamiento:

En la carretera desde el Puerto Serrablo a El Pueyo de Morcat nace una pista en el km 2,9 a mano izquierda antes de llegar al pueblo. Hay una explanada y un cartel indicativo al principio de la misma.

Acceso:

Andamos una media hora por la pista indicada hasta que encontramos una bonita borda a mano derecha.

Hay otro acceso fácil y más rápido por Boltaña y el Valle de Sieste.

La Carrasca de Morcat:

La Carrasca de Morcat

La Carrasca de Morcat.

Mientras nos hemos acercado a la borda, hemos visto ya un pinar de repoblación al lado derecho de la pista y en su otro extremo una copa gigantesca de una carrasca. Ahora podemos traspasar en sólo 10min este bosquecillo de manera obvia y fácil para encontrar la carrasca monumental de Morcat.

De nuevo en la pista, un poco más delante de la borda se desvía un sendero balizado a mano derecha que gana suavemente altura y nos lleva directamente a nuestro segundo objetivo: el pueblo abandonado de Morcat.

Morcat

Morcat.
Al fondo (izquierda a derecha): El Macizo del Perdido, la Sierra de las Tucas, la Punta Fulsa y Suelsa, la Bachimala, el Bocolón, Espadas, la Peña Montanesa y la Cotiella)

Morcat:

Morcat

La Torre del templo de Morcat.

Las ruinas de sus casas están ubicadas en una loma herbosa con buenas vistas hacia el norte. Desde la Collarada hasta la Cotiella, tenemos una buena selección panorámica de casi todo el Pirineo Aragonés delante de nosotros. Encima del pueblo divisamos en la cima un viejo castillo. Por el antiguo camino, ya perdido, podemos subir para contemplar los restos de sus muros. En el pueblo se hallan, entre muchas más curiosidades, 2 pozos. Uno de ellos se esconde curiosamente en una pequeña habitación dentro de la iglesia.

La Fuente de Morcat

La Fuente de Morcat.

Seguimos por una pista que arranca cerca de la iglesia y baja en serpentinas por la loma. Pronto pasamos por la bonita fuente abovedada y más adelante llegamos a un cruce donde encontramos de nuevo la pista que hemos dejado antes. Allí tenemos la posibilidad de bajar ya directamente al río (tomando la pista a mano izquierda y desviándose un poco más adelante por una senda indicada como “Pozas de Sieste”), pero elegimos una senda que nos lleva en apenas 20min a San Velián.

San Velián:
Las Vistas desde San Velián sobre el Río Sieste

Las Vistas desde San Velián sobre el Río Sieste.

Esta pequeña aldea no está abandonada de todo, aún se resiste de ser olvidada. En el otro extremo del pueblo hay una pista que sube desde el Valle de Sieste. Las vistas también son buenas, y la primera vez podemos contemplar una pequeña parte del oasis que nos está esperando abajo en el valle: las pozas y toboganes del Cañón de Sieste.

Si veríamos las pozas secas o estancadas, sería mejor darse la vuelta en este punto y dejar la excursión para otro día.

Volvemos a la entrada del pueblo y bajamos a las pozas de Sieste, como indica un cartel. En un primer desvío tomamos el sendero a mano izquierda y pronto topamos con la fuente represada de San Velián. Seguimos por el sendero que baja ahora más decidido y se une con el otro que arranca en el la pista anteriormente mencionada. El camino nos deja justo en la preciosa zona de las pozas que hemos visto desde el pueblo y nos podemos aprovechar de ellas con un primer baño. Como esta zona del río es fácilmente accesible desde Sieste, encontraremos gente, incluso en primavera, y perderemos la sensación de aislamiento que hemos tenido en la ruta hasta ahora.

Seguimos por el lecho río arriba, usando los ramales de sendas en las orillas, o, más rápido, por el mismo lecho, si aceptamos que nos mojemos hasta los tobillos. Pasamos por una toma de agua y una zona de menor interés hasta el barranco se estrecha un poco. Allí pasamos por una visera encima de la orilla izquierda que ubica una pequeña poza. A poca distancia de la visera llegamos a un tobogán donde el río describe una zeta. En este punto tenemos que prestar atención para encontrar los hitos que marcan una senda que sube en la orilla derecha (nuestra izquierda) por el bosque. En seguida podemos bajar de nuevo al lecho por un desvío a nuestra derecha. Si remontamos el barranco unos 100m más, llegamos a una de las pozas más bonitas de toda la Sierra.

La Poza Chinchirigoy:

La Poza Chinchirigoy en invierno

La Poza Chinchirigoy en invierno

Una parte de esta poza está cubierta de una cueva y el agua cae por varios chorros y escalones a la misma, es verde, cristalina y suficiente profunda para nadar cómodamente – un sitio de cine.

Para seguir nuestra ruta río arriba tenemos que retroceder a la senda y tomar en el desvío el ramal que sube. La senda nos deja en la cabecera de la cascada de la Poza Chinchirigoy que coincide con la desembocadura del Barranco Fondo. Subimos un poco más por el amplio cauce del Barranco San Martín, él que baja a nuestra izquierda, y nos quedaremos boca abierta de asombro cuando descubrimos la cascada que nos espera a apenas 100m de distancia. Un salto de tal tamaño y belleza no hemos esperado.

El Chorro del Coñolmundo:

Debajo del Conolmundo

En la cueva del Conolmundo.

Por este inmenso salto el agua cae más que 50m en dos escalones a una bonita poza. El nombre original de la cascada es “Cascada del Confesionario”, pero no se puede negar que su nombre moderno le pega mejor.  Nos podemos introducir en una cueva detrás de la cascada y buscar la subida a la cabecera de la última cascada con la ayuda de una cadena – el inicio de la Via Ferrata (trepada de II), mientras el perro nos espere abajo.

Para continuar y explorar la zona encima del salto, tenemos que volver a la desembocadura del Barranco Fondo. Justo allí encontramos un hito en la orilla izquierda que marca el inicio de una pequeña senda que remonta dicho barranco a media ladera. Desde el principio gana altura describiendo algún zigzag, y nos permite ver el Coñolmundo de otra perspectiva. Como es poco transitada y marcada, tenemos que prestar atención a los hitos y la dirección principal. Después de superar unos resaltes de roca, nos deposita encima de un bonito circo. El agua cae unos 20m a una poza en un llano donde se distinguen todavía los antiguos campos cultivados.

El Barranco Fondo:

Barranco Fondo

Barranco Fondo.
Curiosas cuevas en un recinto.

Si queremos bajar a la poza y los campos, tenemos que volver por la senda y buscar un camino obvio de acceso al circo. Esta bajada está invadida por la vegetación, pero todavía se puede bajar sin demasiadas molestias. Abajo encontramos, aparte de los campos perdidos, la bonita poza y la cascada, unas curiosas cuevas dentro de un recinto que era un refugio para el ganado y los pastores desde hace tiempo. Cerca de la poza hay un conjunto de piedras que forma cuatro sillas y una mesa. Como el circo es muy idílico y solitario, podemos aprovechar este sitio para descansar cómodamente.

Desde la cabecera seguimos por la senda en la otra vertiente del valle. Muy pronto llegamos a un mirador que se encuentra encima de la confluencia del Barranco Fondo y el Cañón San Martín. Tenemos la poza de la visera, la Poza Chinchirigoy y el Chorro del Coñolmundo debajo de nosotros y en la colina en la vertiente a mano derecha distinguimos a las casas de San Velián. La senda discurre ahora por el valle del Río Sieste y se va acercando más y más a su lecho lo que pisamos finalmente sin ninguna dificultad unos 100m encima del Chorro del Coñolmundo.

La cabecera:

La Cabecera del Coñolmundo

La cabecera del Coñolmundo.

Lo primero que encontramos en el lecho ancho hacia la cascada es una bonita marmita que invita bañarse. La morfología del lecho de roca lisa facilita la búsqueda de un rincón, donde podemos tomar el sol o sestear en la sombra. En la orilla izquierda encontramos una fuente con agua buena y fresca. Por eso, este sitio es un buen lugar para descansar y esperar hasta que se vaya el calor del día para que podremos volver al coche cómodamente por un terreno mucho más seco.

Si queremos, podemos bajar por el lecho hasta llegar, sin problemas, al salto. Con un poco de prudencia podemos, incluso, destrepar hasta el arbusto del Coñolmundo.

Retorno:

Justo donde hemos pisado el lecho vemos en el otro lado del río, la orilla derecha, un hito y una marca de color amarillo en un árbol. Allí arranca el camino, que nos lleva otra vez a la pista de acceso. Los primeros metros son un poco confusos pero, si prestamos atención encontraremos las marcas amarillas y los hitos que nos guían en zigzag por la ladera hasta una collada. La senda es tímida y poco frecuentada, pero marcada y libre de vegetación en todo su recorrido, gracias a los cazadores y guardabosques. En la collada gozaremos de nuevo de buenas vistas a los Pirineos, pero nos concentramos a las marcas e hitos para no perder la senda que es mucho más difícil de averiguar en este último tramo. Desde el collado seguimos derecho por arriba entre pinos de repoblación hasta topar con la pista en un poco más de una media hora. Giramos a la derecha y la seguimos hasta regresar al coche.

La Borda cerca de la Carrasca de Morcat

La Borda cerca de la Carrasca de Morcat.
Robert está buscando la sombra y la frescura.